De sabor bien equilibrada entre el aroma frutal de la fermentación, el amargor herbáceo de los lúpulos alemanes y el dulce de la malta de trigo, resultando una cerveza muy refrescante. Turbidez natural por la presencia de levadura en la botella.
 
En el año 1627, el Rey Maximilian I de Baviera llevó a diez monjes paúles de Sabaya al monasterio Neudeck Ob der Au en Múnich, donde empezaron a elaborar una apreciada cerveza alcanzando una gran popularidad en la zona.
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